Kael
El sobre todavía estaba sobre mi escritorio. Sellado, aunque ya había leído su contenido al menos una docena de veces. No necesitaba abrirlo otra vez, pero algo en mí seguía regresando a ese pedazo de papel como si fuera un talismán.
El ADN no mentía.
Sofía y Lucas eran mis hijos.
El mundo entero podría cuestionarlo, pero yo no. Lo había sabido desde el primer instante en que los vi correteando entre las mesas de aquel evento. La forma en que sonreían, la chispa en sus ojos, la sensación d