Kael
Desde lejos los vi.
La primera vez fue un golpe seco en el pecho, como si alguien hubiese hundido un puño invisible en mis costillas y me dejara sin aire. Había venido siguiendo la rutina de Danae, los informes que Matteo me entregaba puntualmente con la frialdad de un verdugo: su trabajo, su casa, los lugares que visitaba con su hermana y esos dos niños. Dos pequeños que siempre aparecían a su lado en las fotografías, dos pequeñas sombras de ojos luminosos y sonrisas contagiosas. Pero ver