Danae
La noche parecía no terminar nunca.
Me había acostado en la cama que Lana me preparó, pero el sueño no llegaba. Cada vez que cerraba los ojos, la oscuridad me devolvía imágenes de Adrian cayendo al suelo, de la sangre en mis zapatos, del crujido insoportable de huesos partiéndose.
Me giraba de un lado a otro, el corazón palpitando demasiado rápido.
Kael no estaba en la habitación, aunque sabía que afuera había hombres armados custodiando la puerta. Su forma de “cuidarme” era llenar cada r