Danae
El mundo todavía olía a sangre.
Un olor metálico, pesado, que se pegaba a mi garganta y me hacía querer vomitar con cada respiro. Cerraba los ojos, y lo único que veía era la imagen de Adrian cayendo de rodillas, el rostro destrozado, y luego… el sonido. Ese crujido seco que partió la noche y que nunca podré olvidar.
El sonido de Kael rompiéndole el cuello.
Estaba en sus brazos ahora, temblando, envuelta en la fuerza de su cuerpo. Y aunque cada fibra de mí quería sentirme a salvo, algo de