El amanecer me encontró en la oficina.
Los ventanales de Montenegro Enterprises dejaban pasar la luz pálida del día, pero para mí todo seguía en penumbra. El silencio era casi insoportable, roto únicamente por el tic-tac de un reloj de pared. Había pasado la noche revisando movimientos, enviando hombres a asegurar los territorios, y ordenando la vigilancia sobre Danae.
Danae.
Incluso ahora, en medio de la calma tensa, lo único que ocupaba mi mente era ella. El miedo en sus ojos cuando Adrian in