Danae
El día siguiente amaneció gris, con un cielo pesado que parecía presagiar problemas. Kael me había dicho la noche anterior que me enviaría un coche para llevarme a la empresa. Ni un “buenos días”, ni una sonrisa. Solo instrucciones cortas, secas. Desde lo que pasó con Adrian, nuestras conversaciones habían sido pocas y tensas.
Bajé las escaleras con mi bolso colgado al hombro. El coche negro esperaba frente a mi edificio, con uno de sus choferes habituales al volante. Reconocí el rostro,