La llamada llegó a las 9:17 a.m.
Yo estaba en mi oficina, revisando unos reportes de envíos atrasados, cuando el móvil sonó con un tono que solo usaban mis choferes en caso de emergencia. Contesté de inmediato.
—¿Qué pasó? —mi voz fue un corte seco.
—Señor… la señorita Danae… —vaciló.
—Habla de una vez —ordené.
—No llegó a la empresa. El coche… no era el nuestro.
El mundo se detuvo un segundo. Sentí un zumbido en los oídos.
—Explícate.
El hombre tragó saliva al otro lado de la línea.
—Era un co