El aire en el pasillo de la casa de seguridad olía a pólvora, sudor y desinfectante. Rebeca cerró la puerta detrás de ella tras la llamada con Dimitri. Había logrado mantener la voz firme durante la conversación, pero en cuanto apoyó la espalda contra la pared, sintió que la realidad la aplastaba con un peso insoportable.
Él había sido claro: “Era eso o morir. Rebelar tu lado oscuro o no salir viva de esa balacera. Déjalo en mis manos. Voy a investigar qué salió mal y en cuanto tenga algo te in