El muelle estaba en silencio, roto solo por el chirrido de las olas golpeando los barcos amarrados. La niebla cubría el lugar como un manto, espesando el aire y dificultando la visión. Giulio, Dimitri y Giovanni avanzaban con pasos decididos, atentos a cada sonido. La información era clara: Franco tenía a Isabella en una de las bodegas. Lo que no sabían era cuántos hombres lo acompañaban… o si ellos mismos no estaban caminando directo hacia una emboscada.
—Mantengan los ojos abiertos —susurró G