capítulo 13.
La persecución había quedado atrás, pero el silencio dentro de la camioneta blindada era casi tan asfixiante como el fuego cruzado de hacía apenas unos minutos. El motor rugía mientras Rebeca mantenía el volante firme, los ojos fijos en la carretera nocturna que se desplegaba ante ellos como un manto interminable de asfalto y sombras.
Enzo, en el asiento trasero, se retorcía de dolor. Giulio lo sujetaba con una mano mientras con la otra presionaba la herida en la pierna para detener la hemorrag