Mundo de ficçãoIniciar sessãoXimena, una colombiana, estudiante de 22 años que estudia psicología. S*xy, apasionada, valiente, empoderada e independiente. Se vio obligada a casarse debido a compromisos de sus padres adoptivos, con un joven millonario llamado Ángelo, quien en secreto es el heredero de una poderosa mafia siciliana, quien la desprecia a causa de que piensa que es una aprovechada, esta situación de tensión provoco que ella se divorcie y vuelva a su país natal a recuperar los negocios de sus padres biológicos quienes murieron en un aparente accidente, encuentra mucha oposición por parte de su tío quien se apropió de las empresas y no soporta tener que entregárselas, de casualidad se reencuentra con su exmarido sin reconocerse, se enamoran perdidamente, apoyándose en sus problemas y peleando juntos contra sus enemigos hasta que descubren sus secretos, separándose de nuevo, odiándose, pero con ganas de estar juntos, solo un milagro los puede juntar de nuevo, ¿sucederá?, sumérgete en esta emocionante historia y descubrirás este y otros secretos
Ler maisXIMENA
—Una boda de ensueño, deseada por todas las mujeres, desde niñas, una iglesia blanca e iluminada, butacas llenas y cámaras de noticieros de televisión, yo era la novia, vestía un vestido blanco con pedrería, me parecía raro que no llegase mi novio, quizás debe ser una costumbre siciliana, ¿acaso serán mis pecas? No puede ser porque mis múltiples pretendientes me las han elogiado junto a mis ojos color miel, mi cabello castaño y mi cuerpo tonificado. Aunque no soy muy alta, tampoco soy pequeña. He llegado a la conclusión de que soy toda una hermosura colombiana, un bombón, eso quiere decir que no me plantaría por fea.
La orquesta del momento seguía tocando su repertorio, ya se sentían forzados, me calmé pensando que querían evitar su canción más exitosa, que habla de desamor. Sentí que el ramo se hacía más pesado y los tacones, esos tacones que elegí para tratar de sobrepasarlo, queriendo eclipsarlo de alguna manera, ahora le cobran renta a mis pies.
Miro a la puerta queriendo que un torbellino entre y me lleve a Oz o a algún lado, tal vez este cretino tuvo la misma idea como yo, salir corriendo antes de la boda y él sí la fue capaz de ejecutarla.
El cura me mira en silencio, como todos, aunque escucho murmullos. Solo veo caras largas y bocas cerradas, ya parece un funeral, no sé qué hacer, tal vez si bebo el vino para consagrar y empiezo a bailar en la fuente de agua bendita, dibujaré unas sonrisas en los invitados, eso sería mejor que dejar de aguantar el llanto que siento.
No puedo creer que de tanto mirar la puerta ya parece un cuadro de algún pintor surrealista; llega un coche elegante, andaba rápido y de repente frena. Espero que sea él, por Dios que sea él, no puedo enfocarlo bien, las lágrimas en mis ojos me distorsionan la vista, es un hombre vestido de negro, siento que me estoy desmayando…
Al retomar la conciencia, veo que todos me rodean, busco al hombre que entró, preguntando:
— ¿Quién llegó?, ¿es Ángelo?
— Fui yo, señora Ximena, el abogado de don Ángelo, le traigo unos documentos. —saca de entre un maletín unos documentos diciéndole:
—Estos son los acuerdos prenupciales, lamento no cuadrar esto antes, también un acta de matrimonio debidamente diligenciada, además de que mi jefe le envía mil disculpas por no presentarse.
— ¡No, esto es injusto! ¡Qué falta de seriedad!, ¿Por qué me hace esto? — exploté furiosa lanzando los documentos.
Mis padres me abrasan tratando de minimizar mi llanto, mientras el abogado furioso grita:
— ¡Yo no tengo la culpa!, ¿quién sabe usted qué haría, usted debe de ser mala para…?
— ¡Cállate ese hocico! ¡Pedazo de basura, que la pobre chica tiene razón, ese Ángelo me va a escuchar! —Lo silenció don Joseph, el abuelo del novio, que todos respetaban a un punto de veneración, parecía tener poderes mágicos, porque el rostro del abogado de pacotilla pasó de estar rojo por la exaltación a blancuzco de miedo y contestó:
—Mil perdones, me dejé llevar, la verdad también estoy muy estresado con este asunto, no entiendo las razones de Ángelo para actuar de esta forma, les pido por favor, me disculpen, yo solo soy un servidor más, igual venía preparado para esto y traje más copias por si las moscas.
Me calmo, le quito las hojas que me muestra con sus manos temblorosas. El primer párrafo dice que, si él llegase a morir por causas no naturales, yo sería detenida mientras se dictaminen los culpables y, en caso de no aparecer, sería la principal sospechosa, además de no tener derecho a ninguno de los bienes, ni indemnización por parte de Ángelo o de alguien relacionado con él o su familia.
— ¡Qué grosero! —exclamé— ¡No soy una oportunista y menos una asesina!
—perdón, mi señora, le repito, soy solo un humilde servidor. —declara el fanfarrón, temblando.
El abuelo, don Joseph, me pide que se los deje leer, y exclama:
— ¿Qué significa esto?, me va a oír ese Ángelo, ¡cancelen todo!
Siento algo de satisfacción, todos lo juzgarán, fue quien me dejó plantada, ese poco hombre pongo mi cara en alto. Esta es una adversidad más y desde pequeña las he derrotado. Este no va a ser mi Waterloo, miro a todos, los rostros contraídos y miradas difusas enrarecen el ambiente. Cuando observo a mis padres, razonó que ellos no se merecen esto, tengo que darles el orgullo de casarme en este día como lo esperaban, además de todas las otras cosas en juego. A la final, lo que menos me interesa de ese señor es su cochino dinero, se lo puede tragar todo si quiere, tengo mejores metas, por eso en ese instante, ante un arrebato de locura o altivez, auspiciado de venganza y odio, accedo a firmar manifestando:
—No se altere, don Joseph, firmaré todas esas patrañas, que si hay boda, yo tengo palabra y honor, me disculpo con todos los presentes y me esmeraré en ser su mejor anfitriona, vamos, por favor, pasen esta página, ¡que venga la alegría, estamos es de fiesta! Los encargados del entretenimiento también comen y de seguro ya comprometieron lo que se ganarán sirviendo las mesas. Señores de la orquesta, por favor, toquen su canción que suena en todas las emisoras.
Firmé cada papel sin leerlo mucho, ya que cada frase que lograba captar la sentía como un golpe. Ese pelafustán me trataba peor que a Caín, cada cosa se la guardaré en un cofre con el que le partiré la madre cuando pueda, bueno, tendré cuidado de no eliminarle, no quiero tener que pasar unos años de mi vida encerrada en una cárcel por alguien que no vale la pena.
Cuando acabo de firmar los acuerdos, se me acerca don Joseph agarrándome los codos y muy cariñoso me comenta:
—Si así lo quieres, sabes que tienes mi bendición, ojalá yo fuera unos años más joven, no dudaría ni un segundo en tomar tu mano, por favor vamos a la celebración, me gustaría que me dejaras acompañar en el auto de los recién casados. No quiero que te veas rara sola, aunque tampoco deseo que la gente murmure que soy un viejo que asalta cunas o tú una joven saqueadora de tumbas, disculpa si te ofendo.
—Nada de eso, don Joseph, su presencia me honra, lástima que Ángelo no saca nada parecido a usted.
—Es posible que se cayera de la cuna o que le diesen un tetero descompuesto cuando era bebé—. Menciona el anciano esbozando una mueca de sonrisa.
Nos fuimos riendo sin parar, arrebatándole el espacio a la tristeza. Ese hombre maravilloso fue un oasis en mi desierto de amargura. Al llegar a la gran hacienda donde se efectuaría la fiesta, el comité de bienvenida quedó perplejo, no por mi belleza, sino porque sucedió lo que don Joseph predijo; supusieron que era mi sugar-daddy.
La fiesta corrió en relativa calma, yo pasé a ser el payaso, me tocó pintarme una sonrisa falsa durante toda la velada, por fortuna encontré una deliciosa bebida chilena, con el doble de mi edad, que me dio consuelo y en mi imaginación preparaba distintas reacciones para cuando Ángelo llegara.
Al final resultó que el vino se acabó o acabó conmigo, y lo siguiente que recuerdo es que me entraban cargando como un bebé a una hermosa suite de un hotel, que parecía tener barandales en oro.
XIMENA—Ángelo, asesinaré primero a tus hijos, luego a tu cuñada, luego a ti, aunque me tomaré mi tiempo con todo—, el anciano cogió un atizador algo oxidado y se dirigió a la jaula de los prisioneros.—Señor, nos informan que Alexandro tomó otra ruta; es posible que se torciera. Como que se robó el dinero—, un secuaz llega a informarle.—Eso no puede ser posible, y de serlo, le buscaremos a la mamá y le aplicaremos unas quinientas balas para que esa rata salga de su escondrijo—. Giuseppe escupió al suelo y por poco se le cayó la caja de dientes.—Aparte hay algo muy extraño, los vigías de la carretera reportan muchos autos en el sector, más de lo normal; es posible que se trate de un rescate; sería mejor, señor, si os eliminamos rápido y nos marchamos—, el ayudante agacho la cabeza mientras hablaba.—tonterías, eso no significa nada, además que este momento lo he esperado por años; lo voy a saborear, me deleitaré, será un momento especial para llevarme al cielo—, el anciano le pegó u
ÁNGELO—Te agradezco mucho este último favor.—Descuida y recuérdalo muy bien, no puedo tener amistades con un soplón, aunque tu abuelo también ayudó. El viejo vendió el castillo y lo poco que le quedaba.—Sí, José Luis, lo sé, me comento que se siente muy culpable por todo lo sucedido con Ximena, que sabe que tendrá que pagar eso cuando se muera.—Ángelo, ya basta de sermones, debemos concentrarnos en el operativo, no debieron de haber llamado a la policía, eso lo complica todo.—Yo no fui, fue cosa de ella y del detective Das; yo hubiera preferido algo de nosotros.—Puede que sea mejor; ese padre de Max, su verdadero nombre es Giuseppe Lalín, tiene más dinero que nosotros juntos y, por ende, más hombres y medios.—Confió en que lo lograremos, como siempre lo hacemos.—Por supuesto, Ángelo, lo logramos o nos morimos; de cualquier forma, para el hueco nos conducimos.—Puede que eso suceda, pero al menos me llevaré conmigo a Giuseppe; lo enviaré a que se reúna con Max.—Por lo menos es
XIMENALos carros de bomberos llegan al lugar, abriéndose paso entre los curiosos y oportunistas; la policía acordona el lugar y busca testigos de la tragedia.—Detective, un soldado herido. Dice que unos sujetos muy sospechosos iban a dejar un auto en la acera del frente, y que un compañero se fue a impedírselo y el conductor le disparó; por eso ellos le contestaron el fuego y eso causó esa terrible explosión—, un policía le informaba a su superior.—Yo sabía que iban a atentar contra Ximena. Y como siempre mi jefe no me hizo caso.—Detective, si se tomaron muchas precauciones y por eso habían redoblado la guardia—, el oficial se marchó a ayudar a los bomberos a retirar escombros.Rodeada de escoltas, salió Ximena, sucia y desorientada por el caos.—Señora Ximena, ¿está herida?—Detective Das, ¿qué sucedió? ¿Usted sabe algo de Ángelo? —Ximena saludó abrasando a su detective.—Al parecer se proponían volar este edificio por los cielos, para silenciarla. En cuanto a Ángelo, pues supuse
XIMENA—Necesito que me den salida, tengo que ir a verlo, estas palabras las he repetido muchas veces, cada día en estas semanas, y recibo las mismas respuestas, aunque hoy un doctor me contesta algo diferente.—Señora Ximena, usted sabe que es algo muy complejo, pues el señor se encuentra en otro hospital, ya que se encontraba más lastimado. Por otro lado, usted aún requiere de cuidados especiales; aunque le tengo una noticia, va a salir de aquí—, el doctor con cara de anciano bonachón frunce los labios para dar una pausa dramática o para esperar mi contestación, pero yo solo le hago una mueca de desconcierto, así que mejor prosigue: —Sí, como lo oye, vamos a salir.—¿Explíqueme mejor; noto algo extraño en la manera en que lo dice? —Mientras yo hablo, el viejo mueve la boca entre sonrisas fingidas y chupinazos.—Doña Ximena, es que el juez que lleva su caso exige que sea interrogada; a eso iremos y puede ser que su esposo también sea requerido; de pronto lo vea en ese sitio—, el médi
Último capítulo