Las explosiones comenzaron antes de que el sol terminara de alzarse.
Las llamas se alzaban desde los depósitos del muelle, tiñendo de rojo el amanecer. Los disparos resonaban como tambores de guerra mientras los hombres de Giulio avanzaban entre el humo, cubriéndose tras los restos de los contenedores calcinados.
Giulio caminaba entre ellos con paso firme, la mirada fija, el rostro endurecido por la rabia.
Sabía que Franco estaba allí.
Sabía que lo esperaba.
Desde el primer disparo, entendió qu