El sonido del motor se mezclaba con el crujido del metal bajo los neumáticos. Giulio no apartaba la vista del camino, con las manos firmes en el volante y el rostro tenso. Detrás de él, Giovanni presionaba el abdomen de Isabella para detener la hemorragia, mientras Dimitri hablaba por el auricular con los hombres de seguridad de la villa.
—Preparen el quirófano, la llevamos de inmediato —ordenó Dimitri, la voz grave, urgente—. No podemos perder tiempo.
—Entendido —respondió la voz al otro lado.