Mundo ficciónIniciar sesiónElisa huyó de su boda para escapar de un matrimonio arreglado y de una familia que la vendió para saldar sus deudas. Convencida de que había dejado ese capítulo atrás, cambió su identidad y comenzó una nueva vida. Pero el destino tenía otros planes. Su primer trabajo la lleva a convertirse en la secretaria de Gael Beaumont, el poderoso CEO al que abandonó en el altar. Él no la reconoce, pero sigue buscando a la mujer que destrozó su orgullo delante de todo el país. Mientras Elisa lucha por mantener su secreto, la convivencia con el hombre del que huyó hará que el odio, y una inesperada atracción cambien el rumbo de sus vidas.
Leer más—¡Sonríe un poco! ¿Quieres dejar de parecer un cadáver el día de tu boda?
La voz de su madre hizo eco en la habitación como si fuera una bofetada. Elisa permaneció inmóvil frente al espejo, sintiendo el peso asfixiante de la tela como si fuera una condena. Mientras su madre acomodaba el velo blanco sobre su cabeza con una brusquedad que delataba su propia tensión, Elisa contempló su reflejo con desesperanza. No había alegría por esa boda; solo el recordatorio de la quiebra financiera de su familia y la fría certeza de que estaba siendo entregada como mercancía a un hombre desconocido para salvar el apellido de la ruina —Aunque claro… tampoco es que puedas hacer milagros con esa cara. Su padre se echó una risa desde el sofá, su tono de burla era irritante. —Con suerte el heredero de los Beaumont estará demasiado borracho para mirarla bien. Las manos de Elisa se cerraron lentamente sobre la tela del vestido. Ahí estaba otra vez, humillación diaria junto con la costumbre de recordarle que nunca era suficiente, observó su reflejo en el espejo, llevaba sus lentes, el cabello oscuro recogido torpemente. Un maquillaje sencillo que apenas lograba ocultar las marcas de estrés que habían aparecido en su piel durante las últimas semanas. No era una belleza deslumbrante, pero tampoco era el monstruo que ellos describían, solo era una chica común y sus padres siempre parecían odiar eso. —Escucha bien, Elisa —dijo su padre poniéndose de pie. —Esta boda salvará a nuestra familia de todas las deudas. Los Beaumont cubrirán nuestras deudas y tú dejarás de ser una carga inútil. Un nudo se formó en la garganta de Elisa. “ Una carga” Así la llamaban desde niña, tan solo porque prefería estudiar en lugar de aprender a maquillarse. La llamaba así, porque no era delicada, porque no sonreía lo suficiente, porque no sabía atraer hombres ricos como otras chicas de su edad. Al escuchar las palabras de su esposo, su madre se cruzó los brazos. —Deberías agradecer que alguien como Gael Beaumont aceptara casarse contigo. Gael Beaumont. El hombre más famoso de Ciudad S, es joven, millonario, temido y conocido por acostarse con media ciudad, las revistas hablaban de él todos los días. “Heredero salvaje.” “Empresario mujeriego.” “Nuevo escándalo del CEO.” “Romance secreto de Gael Beaumont.” Y sabiendo todo lo que se decía, ella debía convertirse en su esposa. Elisa sonrió amargamente, pero sin que sus padres perfectos lo notaran. Ni siquiera conocía personalmente al hombre con quien iba a casarse. Todo había sido arreglado entre familias, como si ella fuera un simple cheque para pagar deudas. Su madre la tomó de su barbilla con poca sutileza. —No hagas ninguna estupidez. ¿Entendiste? Elisa la miró fijamente por primera vez en años y algo dentro de ella finalmente se quebró. Bastó ese instante para entender que nunca la habían amado, ni un poco. Recordó las incontables cenas en las que su voz era ignorada, los cumpleaños olvidados bajo la excusa de "asuntos más importantes" y cómo sus logros académicos solo recibían un frío; es tu deber. Toda su vida había sido una preparación invisible para este momento: ser el peón de sacrificio Para ellos, ella no era su hija, sino una herramienta, una simple moneda de cambio. Pero Elisa guardaba un fuego que esparcía cenizas en su interior; siempre había soñado con un matrimonio real, un lazo forjado por el amor y la elección mutua, no un pacto comercial. Estaba cansada de obedecer y se juró a sí misma que no aceptaría este destino impuesto, ni se resignaría a ser la sombra de un hombre. Tenía que haber otra salida antes de que el "sí, acepto" la encadenara para siempre —Ahora vámonos, es tiempo de hacer felices una vez en tu vida a tus padres— le dijo su madre cruelmente. Elisa bajó la mirada y fingió obedecer. Cuando finalmente después de veinticinco minutos estaban en la mansión, Elisa sintió un nudo en su garganta. Nadie notó el temblor en sus manos, ni la forma en que sus ojos miraban constantemente la puerta. Cuando finalmente llegó el momento de salir hacia la ceremonia, Elisa pidió ir al baño antes de bajar. Su madre soltó un suspiro irritado. —Date prisa por una vez en tu vida. Ella no le respondió, caminó hasta el baño con el corazón acelerado. Apenas cerró la puerta, un nudo de nostalgia le oprimió el pecho al mirar por última vez las fotos familiares sobre la repisa. Sabía que cruzar esa línea significaba romper los lazos con sus padres para siempre, convertirse en una rebelde para los suyos. El dolor de la despedida la hizo dudar un segundo, pero el miedo a una vida sin libertad fue mayor. Actuó rápido: se arrancó el velo, se deshizo de los incómodos tacones y tomó el pequeño fajo de billetes que había escondido con antelación, decidida a no mirar atrás. —Debo irme ahora— Se dijo así mima. Elisa salió del baño con cautela, aprovechó que su madre estaba distraída y finalmente corrió. Tomó un taxi y le ordenó que se fueran inmediatamente. Su madre que después de ver tanto lujo le parecía extraño que Elisa no haya vuelto, fue por ella al baño. —Elisa, sal ya, es hora de que vayamos con tu futuro esposo. Pero nadie respondió, así que entró al baño y solo para darse cuenta que su hija había desaparecido. Su padre, Federico, se acercó al ver la expresión de su esposa. —¿Qué pasa? ¿Dónde está Elisa?. Grecia tomó la mano de su esposo, y prácticamente salieron huyendo de la antesala de la mansión. La mansión Beaumont brillaba con las enormes lámparas doradas mientras decenas de invitados importantes conversaban elegantemente en el salón principal. Empresarios, modelos, periodistas y políticos, todos estaban allí para presenciar la boda del año. Gael Beaumont observaba el reloj con expresión fría mientras giraba lentamente el whisky dentro de su vaso. —Faltan diez minutos —dijo uno de sus amigos, Damián. —¿Nervioso? Gael bebió un trago antes de responderle. —¿Por casarme con una desconocida? Claro que no. Las risas no se ocultaron entre ellos, otro amigo sonrió burlonamente. —Dicen que la chica es bastante… peculiar. —Dicen que la prometida es bastante peculiar—dijo uno de los invitados cercanos a Gael.- — Una universitaria muy estudiosa, pero sin una gota de glamour. Gael sonrió, para él eso caía como anillo al dedo. —Perfecto. Así nadie creerá que me casé por amor. Aunque parecía relajado, por dentro estaba irritado, detestaba aquella boda, detestaba que su padre lo obligara a limpiar la imagen de la empresa mediante un matrimonio y sobre todo… Detestaba la palabra “familia”. Su propia madre lo había abandonado cuando era niño, desde entonces aprendió que el amor solo servía para volver débil a las personas, por eso jamás se enamoraría, jamás. De repente, la enorme puerta principal se abrió. Todos voltearon automáticamente, pero no era la novia, era el mayordomo. El hombre caminó rápidamente hasta el padre de Gael y le entregó un teléfono móvil con expresión nerviosa. Un silencio extraño apareció sin previo aviso. Gael viró los ojos, pensando que solo era una tontería. —¿Qué sucede? Su padre arrugó el rostro mientras leía el mensaje. —La familia de la novia dice que la joven enfermó repentinamente y no podrá asistir a la boda. El salón entero quedó en silencio durante unos segundos y luego comenzaron los murmullos. —¿Qué? —¿Enfermó? —¿Ahora? —Eso no tiene sentido. Gael miró a todos a su alrededor, era claro que él era motivo de conversación. La familia de la novia no estaba allí, aparentemente había desaparecido y entonces lo entendió, ella había huido. Una sonrisa peligrosa apareció lentamente en su rostro. —Interesante…— Dijo para sí mismo. Uno de sus supuestos amigos, se acercó con burla. —Gael… te dejaron plantado. Los periodistas comenzaron a murmurar frenéticamente mientras tomaban fotografías. Los teléfonos vibraban sin parar y menos de una hora después, las noticias explotaron en internet. “La prometida del CEO Gael Beaumont huye aterrorizada antes de la boda.” “¿Tan terrible es el heredero Beaumont?” “El mujeriego más famoso de Ciudad S es abandonado en el altar.” Gael apretó el vaso con tanta fuerza que casi lo rompió. Se sentía humillado, esa mujer lo había humillado delante de todo el país y ni siquiera conocía su rostro. —Encuéntrenla —ordenó fríamente. Su asistente tragó saliva. —Sí, señor. Gael sonrió sin humor. —Quiero saber quién es la mujer que se atrevió a jugar conmigo.En las primera sobras, levantó cajas pesadas, trasladó archivos de un lugar a otro y examinó cientos de documentos cubiertos de polvo. Pronto sus brazos empezaron a quejarse por el esfuerzo y el calor del almacén hacía que gotas de sudor bajaran por su frente. Acostumbrada a realizar tareas en una oficina, organizando reuniones, escribiendo reportes y coordinando la agenda del director general, jamás pensó que acabaría desempeñando un trabajo tan arduo. Cada vez que transportaba una caja, hallaba otras dos detrás, parecía una labor sin final. Al llegar la noche, sus hombros estaban muy adoloridos y su espalda empezaba a resentirse. Se masajeó suavemente la nuca antes de seguir, convencida de que, si dejaba el trabajo incompleto, Gael encontraría otra razón para que ella se quedara más tiempo allí. Al momento de salir del almacén, sus manos estaban llenas de polvo y sus piernas se sentían tan fatigadas que llegar al ascensor resultó ser más complicado de lo que quería adm
Pocos minutos más tarde, Elisa y Daniel terminaron su café. Ella echó otro vistazo al reloj, ambos salieron de la cafetería y se dirigieron hacia el edificio Beaumont cruzando la calle. Mientras avanzaban por el gran edificio, Daniel miraba atentamente cada parte de las instalaciones. —Todavía me resulta difícil aceptar que ahora estaré laborando en este lugar. Elisa puso una mano en su hombre y le mostró una sonrisa amigable. —En pocos días te adaptas. Las puertas del elevador se abrieron, y entraron juntos a varios trabajadores y, momentos después, arribaron al nivel de oficinas. Al salir, tomaron rutas diferentes. Daniel fue hacia la sección de proyectos, mientras que Elisa se acercó a su escritorio. Justo había puesto su bolso en la silla cuando el teléfono interno comenzó a sonar. —Buenos días— Respondió ella con educación. La voz grave de Gael se escuchó del otro lado, y era más fría y distante que otras veces. Elisa tomó su tablet de apunte y se quedó
Al abandonar el edificio Beaumont, Elisa notó cómo el aire fresco de la tarde comenzaba a eliminar la presión que había acumulado a lo largo del día. El camino hacia su hogar fue muy tranquilo, su único deseo era relajarse. Al abrir la puerta de la casa, fue recibida inmediatamente por un profundo silencio. —¿Nora? —preguntó mientras dejaba su bolso sobre el sofá. No recibió ninguna respuesta, tomó su teléfono móvil y marcó el número de su amiga una vez, luego, hizo una segunda llamada y finalmente, un tercer intento, pero no hubo respuesta. Elisa miró la pantalla durante unos momentos antes de poner el teléfono de nuevo en su bolso. —Seguro que sigue en el restaurante. Esa suposición le pareció la más razonable, recientemente, el negocio de Nora había tenido cada vez más clientes y, cuando eso sucedía, era común que volviera mucho más tarde de lo habitual. Sin preocuparse demasiado, se dirigió hacia su habitación, colocó la maleta al lado del armario, recogió ropa limpi
Gael apenas levantó la mirada de los papeles que tenía frente a sí. Durante un breve momento, sus ojos se posaron en el recién llegado, antes de regresar a la carpeta que tenía en las manos. El jefe de Recursos Humanos, entró a la sala de proyectos un poco apresurado y sin perder tiempo lo presentó ante todos. —Damas y caballeros, antes de empezar la reunión, quiero presentar de manera oficial a nuestro nuevo coordinador del área de Proyectos Internacionales. Su nombre es Daniel Ferrer. Daniel levantó la mano y miró a todos los que estaba al rededor de la mesa, y con un simple gesto los saludó. —Desde hoy, se unirá a nosotros para trabajar en el desarrollo de las nuevas relaciones comerciales de la compañía. Daniel sonrió con sinceridad y saludó a todos los asistentes levantándose de la silla. —Me siento realmente privilegiado de unirme a Beaumont Group. Conozco la reputación de esta empresa tanto a nivel nacional como internacional, y espero cumplir con las expectativ
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