Trampa del destino

Después de más de tres horas de viaje, Elisa finalmente llegó a Ciudad R. Apenas bajó del autobús, sintió las piernas débiles y el cuerpo pesado por el cansancio.

Había pasado toda la noche despierta, mirando constantemente por la ventana con el miedo absurdo de ver a sus padres siguiéndola. Lo único que llevaba consigo era un vestido de novia puesto, algo de dinero y el teléfono que había comprado a escondidas semanas atrás.

—¡Elisa!

Al escuchar aquella voz, levantó rápidamente la cabeza, Nora corría hacia ella entre la gente con expresión preocupada. Apenas llegó hasta ella, la abrazó con fuerza.

—Dios mío… mírate. Pareces un fantasma.

Elisa se echó una pequeña risa que demostraba cansancio.

—Me siento como uno.

Nora tomó inmediatamente su mano y la llevó hasta su auto..

—Ven. Vamos a casa antes de que te desmayes.

Durante el camino, Elisa permaneció en silencio mirando la ciudad por la ventana del automóvil. Todo era diferentes, las calles, los edificios e incluso la gente.

Cuando finalmente llegó al pequeño apartamento de Nora, Elisa sintió un extraño alivio. El lugar era sencillo, cálido y acogedor, muy distinto a la enorme mansión fría donde había crecido con sus padres.

—Este será tu nuevo hogar. Te compré algo de ropa, espero que te queden bien— Decía Nora.

—Gracias amiga— Dijo con los ojos aguados.

Apenas tomó asiento sobre el sofá, su teléfono comenzó a vibrar sin parar, Elisa palideció, tenía más de cuarenta llamadas perdidas. Todos eran mensajes de sus padres, además pensó que el celular realmente había sido un secreto, pero eso solo demostró que ellos tenían aún control sobre cualquier cosa que ella hiciera.

“¿Dónde estás?”

“Regresa inmediatamente.”

“Nos avergonzaste delante de todo el país.”

“Si no vuelves ahora mismo, nos conocerás realmente.”

Creímos que al menos servirías para esto", decía el último mensaje. Elisa arrojó el teléfono sobre el sofá. Sus padres no solo la habían vendido para salvar sus finanzas, sino que la habían entregado sin remordimientos a Gael Beaumont, un hombre cuya reputación de libertino despreciable y devorador de mujeres llenaba las notas. Para su familia, su dignidad valía menos que el saldo de sus deudas.

Las manos de Elisa comenzaron a temblar, Nora tomó el teléfono antes de que siguiera leyendo.

—Bloquéalos.

Elisa levantó lentamente la mirada, llena de lágrimas.

—¿Qué?

—Bloquéalos, Elisa. Ya no pueden controlarte.

Ella dudó durante unos segundos, toda su vida había obedecido, toda su vida había tenido miedo, pero entonces recordó las palabras de su madre antes de la boda.

“Es tiempo de hacer felices a tus padres por una vez en tu vida.”

Y algo dentro de ella volvió a quebrarse. Siempre ha sido así, pensó con amargura mientras intentaba ignorar el recuerdo de esos mensajes. Ellos decidieron qué ropa debía usar, qué debía estudiar y, finalmente, con qué hombre debía compartir mi cama. Toda mi existencia estaba editada por sus conveniencias. Con un inmenso dolor en su corazón, tomó el teléfono y los bloqueó uno por uno, rompiendo el último hilo que la ataba a sus mandatos

Cuando terminó, soltó todo el aire que había estado guardado, Nora sonrió ligeramente.

—Bienvenida a tu nueva vida.

Nora la llevó a una habitación a descansar, y una vez sola allí, no pudo evitar llorar mientras se quitaba el vestido blanco.

La mañana siguiente, mientras desayunaban, Nora le entregó una nueva tarjeta telefónica.

—Usa este número. Tus padres no podrán encontrarte tan fácilmente.

—Gracias.

—No me agradezcas todavía —respondió Nora mientras se tomaba una taza de café. —Aún tenemos que resolver el pequeño problema de tu identidad.

Elisa arrugó el rostro confundida.

—¿Mi identidad?

Dos horas después, Elisa estaba sentada nerviosamente dentro de un pequeño local escondido entre callejones poco transitados.

— ¿Qué nombre quieres usar?—Preguntó el hombre que cambiaría su identidad.

Ella dudó unos segundos. Sentía extraño abandonar incluso su propio nombre., como si estuviera enterrando a la persona que había sido hasta ahora.

—Elisa… Torres —dijo ella finalmente.

Bruno comenzó a escribir en el ordenador después de escuchar su respuesta.

—Perfecto. En dos días tu nueva identidad estará lista...

Nora le sonrió a su amigo y luego salieron de aquel lugar que aterraba a Elisa. Cuando salieron de allí, Elisa permaneció callada durante un largo momento.

—¿Estás arrepentida? —preguntó Nora con cautela.

Ella negó con la cabeza rápidamente.

—No… solo siento que estoy desapareciendo y que quizás mis padres no merecían que yo huyera.

Nora enlazó su brazo con el suyo.

—No estás desapareciendo. Estás empezando de nuevo. Tus padres siempre te han visto como una moneda, no te sientas mal por ellos.

Aquella noche, después de haber ido para obtener una identidad falsa, Elisa no pudo dormir, se levantó varias veces para mirar las noticias sobre Gael Beaumont.

Todas las portadas hablaban de la humillación del CEO abandonado en el altar y  mientras observaba aquellas fotografías, sintió un pequeño peso de culpa en el pecho, no por haber escapado, sino por haber convertido todo aquello en un escándalo nacional. A la mañana siguiente, Nora prácticamente la obligó a salir del apartamento.

—Necesitas dejar de esconderte.

Elisa suspiró hondo, ella solo tenía miedo de que alguien la descubriera.

—¿Y qué quieres que haga?

Nora la observó de arriba abajo.

—Primero… vamos a cambiarte ese peinado. —dijo Nora, observándola críticamente—. ¿Y los brackets?

—¿Qué? Pero no creo que sea necesario, al menos quitarme los brackets

—Muy bien, hay que cambiar un poco esa apariencia para que nadie te reconozca.

Elisa no tuvo más remedio que ceder, después de todo, ella tenía razón. Una hora después, Elisa estaba sentada nerviosamente frente al espejo mientras Nora trabajaba en su cabello

—Quedarás más hermosa de lo que eres—preguntó la especialista.

—Realmente eres mi amiga—Bromeó Elisa.

Las manos de Nora eran veloces, cuando finalmente terminó, Elisa  levantó la mirada hacia el espejo, se quedó inmóvil.

Era extraño; el rostro que la miraba de vuelta, enmarcado por esos lentes gruesos y con el metal de los brackets asomándose apenas entre sus labios, lucía completamente opaco, como el de una bibliotecaria aburrida, era el camuflaje perfecto. Nora sonrió emocionada detrás de ella.

— ¿Ves? No eras fea. Solo estabas rodeada de gente que necesitaba hacerte sentir así.

Elisa bajó lentamente la mirada, aquellas palabras le dolieron más de lo que esperaba, porque era la primera vez que alguien decía algo bonito sobre ella sin burlarse.

Al llegar a casa, Nora encontró un sobre de ajos en su puerta y al abrirlo, se emocionó.

—Está eres tú, ahora eres Elisa Torres.

Elisa tomó la fomentación de identidad y sintió una pequeña decepción de sí misma.

—Gracias Nora.

Durante los días siguientes comenzó a buscar trabajo desesperadamente. Envió curriculums, asistió a entrevistas, esperó horas enteras sentada en recepciones elegantes y aun así, los rechazos no tardaron en aparecer.

—No tiene experiencia suficiente.

—Buscamos una imagen más sofisticada.

—Necesitamos secretarias con mejor presencia.

Elisa comenzaba a perder la esperanza, para la décima entrevista ya estaba agotada física y emocionalmente.La empresa era una importante compañía de diseño y moda reconocida a nivel nacional.

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