Una habitación.
Después de unas dos horas de vuelo, un chofer privado ya los esperaba en el área de afuera, Gael reconoció ese auto de inmediato.
Sin nada de caballerosidad entró primero al auto, se denotaba bastante la frialdad que sentía hacia Elisa.
Después de unos minutos, el conductor disminuyó la velocidad hasta que se detuvo directamente frente a un gran edificio de más de treinta plantas de altura.
El edificio hotelero era uno de los más lujosos de la metrópoli. Una refinada fachada de vidrio hacía re