Mundo ficciónIniciar sesiónDurante todo el camino hasta el bar había imaginado mil formas distintas en las que aquella misión podía terminar, ninguna incluía que Gael aceptara marcharse tan fácilmente.
—¿Qué quiere decir?
—Usted vino hasta aquí para buscarme, ¿no es así? —Sí… —Entonces ya me encontró. Cuando llegaron al coche, Gael abrió la puerta del copiloto, cerró la puerta del coche después de que ella subiera. Durante el camino ninguno habló, Elisa sostenía la chaqueta entre las manos, y miró de reojo a Gael. Quizá la señora Beaumont no necesitaba saber lo ocurrido este día, después de todo, él la había ayudado, pensó Elisa. “Creo que no contaré nada.” De repente, Gael giró el rostro hacia ella y la miró fijamente. —Tú… ¿Quién te envió a buscarme? Elisa se quedó completamente paralizada, los nervios que sintió en ese momento no permitieron que su garganta emitiera ni siquiera un ruido., solo pudo ajustarse los lentes.Elisa se quedó totalmente inmóvil. Gael Beaumont la miraba detenidamente desde el asiento del conductor. Sus ojos oscuros parecían perforarla, como si quisieran arrebatarle todos sus secretos.
El agua caía de manera continua sobre los cristales del coche, produciendo un murmullo constante que llenaba el interior del vehículo. No obstante, para Elisa ese sonido era prácticamente inexistente. Únicamente podía oír cómo su corazón latía rápidamente. —¿Quién te envió a buscarme? —preguntó de Gael en un tono brusco. Elisa desvió la vista de inmediato. No podía permitirse mirar esos ojos por mucho tiempo. Contaba con la ridícula impresión de que, si él continuaba mirándola, acabaría descubriendo toda la verdad. —Nadie. Gael cerró un poco los ojos. Por unos segundos, parecía que estaba analizando su respuesta en busca de alguna indicación de falsedad. Elisa, sin embargo, se quedó asombrada porque él no continuó con sus preguntas. Simplemente puso el coche en marcha, y no volvió a mirarla por unos largos minutos. Cuando el vehículo se detuvo frente a la empresa, Gael apagó el auto y finalmente volvió a mirarla. —Escúchame bien. Elisa tragó saliva con fuerzas. Un estremecimiento le recorrió despacio la espalda al escuchar su tono de voz tan superior. —Si se te ocurre contarle a mi abuela una sola palabra de lo que viste esta noche… No saldrás a tu hora exacta del trabajo en todo el mes o el resto de tu vida. Con total incredulidad, Elisa lo miró. Lo más molesto era que Gael parecía estar totalmente serio. Después, como si acabara de hablar sobre el pronóstico del tiempo y no de amenazar a una empleada, se bajó con calma del coche tras abrir la puerta. Ella permaneció unos segundos sentada. “Efectivamente”, pensó mientras lo veía alejarse. “Es un jefe insoportable por naturaleza.”Elisa salió del auto y corrió detrás de su jefe, finalmente había logrado que le regresara a la empresa.
Había sido un día raro y extenuante. Demasiados sentimientos para alguien que normalmente trataba de ser invisible. Al menos eso pensó, por suerte el día finalmente había acabado.A la mañana siguiente, Elisa llegó a la empresa intentando olvidar todo lo ocurrido. Apenas había dejado su bolso sobre el escritorio cuando escuchó la voz de Gael desde su despacho.
—Señorita Elisa. Se levantó de inmediato, casi como un reflejo; para ese momento, su cuerpo ya había entendido que su obligación era presentarse al instante cada vez que él decía su nombre. —¿Sí, señor Beaumont? —Entre. Elisa cruzó cruzó la puerta con una carpeta en la mano, que tomó al azar. Gael, enfocado en examinar diversos documentos de finanzas, se encontraba sentado detrás de su escritorio de madera oscura. Indicó un cúmulo de papeles desordenados sin levantar la vista. —Organice esos archivos. —Sí, señor. Se movió hacia una mesa cercana y empezó a clasificar las carpetas en silencio, tratando de hacerse invisible. Unos minutos más tarde, se oyeron unos golpes enérgicos en la puerta. Después de que Gael dijo "Adelante" con sequedad, Adrián se apresuró a entrar al despacho. —Jefe. El asistente miró discretamente a Elisa y luego hizo una pequeña seña, indicando que ella estaba presente. Gael comprendió el gesto, pero simplemente hizo un movimiento con la mano. —Habla sin problema. Elisa, simulando desinterés, siguió organizando los documentos de manera automática, hasta que una palabra pronunciada por Adrián detuvo todos sus movimientos. —Es sobre su prometida. De repente, el pulso se le aceleró y sintió que un sudor frío le perlaba las manos sin poderlo evitar. "¿Prometida?", se repitió mentalmente, aterrorizada. A pesar de que se esforzó al máximo para mantenerse enfocada en las carpetas, no logró evitar prestar atención a cada detalle de la conversación.Adrián colocó una carpeta de cuero en el escritorio, justo al frente de Gael que contenía la información que necesitaba.
—Hemos investigado todo lo que nos pidió. Gael mostró, por primera vez en la mañana, un interés genuino al levantar la mirada. Su mirada se centró en el expediente mientras Adrián lo abría para sacar una fotografía de aspecto viejo. —¿Y qué encontraron? —La mayor parte de la información fue destruida, solo queda una pista. Esto fue enviado hace años por los padres de su prometida. Gael tomó la fotografía con sus dedos largos y la examinó cuidadosamente por un par de segundos.De repente, una sonrisa sarcástica y llena de cinismo se dibujó en sus labios.
—¿Esa es o era mi prometida? —Sí, jefe. Gael volvió a mirar la fotografía como si estuviera evaluándola minuciosamente, sus ojos no podían percibir aquel rostro. —Está demasiado editada. Elisa, que estaba de espaldas y pretendía concentrarse en su trabajo, sintió que su corazón empezaba a latir con fuerza. Cada palabra que decía la ponía más nerviosa que la anterior.—La sonrisa parece completamente falsa y esa expresión también jefe— Dijo el asistente.
Gael no pudo evitar reír con burla y hacer un comentario bastante tirano. Estaba divirtiéndose con la imagen.—Parece bastante tonta.
Elisa debió esforzarse mucho para conservar una expresión neutral. No tenía ni idea de que sus padres habían mandado una foto a la familia Beaumont.
Nunca pensó que además habían modificado su apariencia y suministrado información falsa para protegerla.
—Si algún día encuentro a mi prometida fugitiva… No pienso ponérselo fácil.
Elisa tuvo problemas para tragar saliva. Si ese hombre supiera que la mujer a la que buscaba estaba a menos de dos metros de él ordenando los archivos, probablemente ya habría pagado un alto precio por su audacia.






