Pocos minutos más tarde, Elisa y Daniel terminaron su café. Ella echó otro vistazo al reloj, ambos salieron de la cafetería y se dirigieron hacia el edificio Beaumont cruzando la calle.
Mientras avanzaban por el gran edificio, Daniel miraba atentamente cada parte de las instalaciones.
—Todavía me resulta difícil aceptar que ahora estaré laborando en este lugar.
Elisa puso una mano en su hombre y le mostró una sonrisa amigable.
—En pocos días te adaptas.
Las puertas del elevador se