¡Qué arrogante!

Elisa respiró hondo, midiendo la distancia hacia la salida. Su primer instinto fue dar media vuelta y huir de ese edificio; estar tan cerca de Gael Beaumont era jugar con fuego. Sin embargo, al observar la mirada fria e indiferente del hombre, se dio cuenta de algo crucial: él no la reconocía en lo absoluto bajo su disfraz de secretaria modesta.

Además, necesitaba desesperadamente el empleo para subsistir de forma independiente y pagar más adelante su propio departamento. Huir de nuevo solo la dejaría vulnerable.

—No le hagas caso. Mi nieto tiene una personalidad terrible desde que nació.

Elisa no supo qué responder, la anciana se acercó un poco más hacia ella.

—Solo necesito que hagas una cosa por mí.

Elisa la miró nerviosa.

—¿Qué cosa?

—Vigílalo.

Ella la miró confundida, preguntándose a qué se refería.

—¿Perdón?

La señora Beaumont empezó a caminar hacia el escritorio de su nieto.

—Si vuelve a frecuentar bares, mujeres problemáticas o escándalos… quiero saberlo.

Elisa abrió los ojos más de lo normal. ¿La abuela de Gael quería convertirla en espía?

—Conserva este trabajo y yo me aseguraré de que nadie pueda tocarte aquí.

Elisa dudó unos segundos, pero necesitaba ese empleo. Necesitaba empezar de nuevo, así que finalmente tomó una decisión.

—Está bien.

La señora Beaumont sonrió satisfecha.

—Excelente decisión. Nos vemos luego.

La señora Beaumont, salió de la enorme oficina.

Al mirar más detenidamente a su alrededor, Elisa descubrió que su lugar de trabajo estaba literalmente dentro de la oficina de Gael, en un rincón, justo frente a él, parecia claramente otra idea de la abuela.

Después que la abuela salió, Gael entró nuevamente a su oficina. Él la ignoró por completo durante la siguiente hora mientras revisaba documentos desde su ordenador portátil.

—Concéntrate en los trabajos que hay sobre tu escritorio— Dijo con autoridad.

En ese momento su teléfono sonó, una sonrisa se dibujó en su rostro antes de contestar.

—Cariño… —dijo él con una voz completamente distinta.

Elisa levantó ligeramente la mirada, Gael sonreía mientras hablaba.

—Claro que iré esta noche… ¿El mismo bar de siempre? Perfecto.

Elisa viró los ojos mentalmente.

“Mujeriego arrogante”, pensó.

Como si no fuera suficiente soportar su presencia, Gael comenzó a llenarla de tareas absurdamente difíciles. Documentos, correos, organización de agendas, y muchos informes interminables.

Parecía decidida a hacerla renunciar. Cansada y frustrada, Elisa abrió W******p rápidamente.

“El CEO es peor de lo que imaginaba”, le escribió a Nora.

La respuesta llegó casi de inmediato en forma de audio. Sin pensarlo demasiado, Elisa reprodujo el mensaje.

Y entonces recordó demasiado tarde que no tenía los auriculares conectados, la voz de Nora se escuchó claramente por toda la oficina.

—Tu jefe se acuesta con tantas mujeres… ¿crees que también lo haría contigo?

Elisa escuchó el audio sin que se le moviera un solo pelo. No hubo sorpresa ni indignación en su rostro; simplemente sintió un vacío aburrido en el pecho.

Levantó la mirada hacia Gael con una lentitud casi perezosa, mostrando una total apatía ante sus supuestas andanzas.

Para ella, él solo era un jefe molesto más, y sus secretos de alcoba no le importaban en lo más mínimo. Él la observaba desde el otro lado de la oficina con expresión completamente inexpresiva.

Elisa deseó desaparecer cuando Gael se levantó lentamente de su asiento, y luego habló con absoluta frialdad.

—No lo haría.

Y comenzó a caminar hacia la puerta, Elisa quedó congelada unos segundos. Después levantó la cejas con molestia.

Solo un tres palabras. Tres palabras expresados con total tranquilidad. Sin embargo, fueron más que suficientes para que Elisa sintiera su rostro arder aún más.

Él no solo había oído la nota de voz. Comprendió a la perfección que la pregunta lo señalaba y , lo que era aún más grave… Se había tomado el tiempo para responderle.

Elisa apretó los labios con fuerza, sintiendo que la humillación sobrepasaba lo que sea que ella estuviera sintiendo.

"¿Qué se cree?", refunfuñó en su mente.

—¡Qué arrogante…!

Pero entonces recordó las palabras de la abuela.

“Vigílalo.”

Sus ojos se abrieron inmediatamente, rápidamente corrió y se colocó delante de la puerta antes de que Gael saliera. Él levantó una ceja.

—¿Qué haces?

Elisa tragó saliva, no sabía qué hacer, pero su valor era más alto que cualquier cosa en ese momento.

—No pienso renunciar.

Gael la observó unos segundos en silencio y entonces, para sorpresa de Elisa, una pequeña sonrisa apareció en sus labios.

Como si encontrara divertida su reacción, Gael se inclinó lentamente hacia ella. Elisa sintió inmediatamente el calor de su respiración y el aroma de su perfume.

Su corazón comenzó a acelerarse otra vez, instintivamente retrocedió un paso, Gael soltó una pequeña risa burlona y aprovechó ese momento para abrir la puerta y salir de la oficina.

Cuando Elisa reaccionó, él ya había desaparecido, ella se quedó inmóvil durante unos segundos antes de llevarse ambas manos al rostro.

El despacho, ahora vacío, todavía se sentía impregnado por la arrolladora y asfixiante presencia de Gael.

Apoyando las palmas de sus manos sobre el borde del escritorio para sostenerse, Elisa se obligó a respirar despacio, intentando procesar el caos que bullía en su mente.

Trabajar allí era como caminar sobre una cuerda floja en la oscuridad. Su psicología analítica le exigía mantener una fría distancia profesional, pero la realidad era que la cercanía de ese hombre la descolocaba por completo.

Tras recuperar una calma fría y analítica, se ajustó los lentes, alisó su discreta falda y salió finalmente de la oficina dispuesta a encontrar al asistente de Gael, obligándose a ignorar el peligroso destino que le dictaba su propio corazón.

Elisa salió de la oficina intentando convencerse de que todavía estaba a tiempo de dar media vuelta e irse a casa, pero eso era una pésima idea.

No llevaba ni un día trabajando para Gael Beaumont y ya estaba a punto de seguir a su jefe hasta un bar para vigilarlo.

—Estoy loca… —murmuró para sí misma.

Aun así, siguió caminando y como buena suerte encontró a Adrián frente a su escritorio, revisando unos documentos.

—¿Señorita Elisa? ¿Necesita algo?- preguntó Adrián, levantando la vista de sus documentos al notar su timidez.

Elisa dudó, buscando las palabras adecuadas antes de confesarle que necesitaba localizar urgentemente a Gael por motivos de trabajo.

—¿El señor Beaumont ya salió? ¿Sabe dónde está? —Indagó de inmediato. —Necesito hablar con él sobre el trabajo.

El asistente entrecerró los ojos con suspicacia, adivinando de inmediato que detrás de esa repentina urgencia se ocultaba una orden directa de la señora Beaumont.

—¿La envió la señora Beaumont?

—Demasiado evidente, ¿verdad? —admitió ella con una mueca.

Ante la evidente deducción, Elisa no tuvo más remedio que admitirlo. Adrián, con un gesto de advertencia, le reveló que su jefe se encontraba en el bar central del hotel de cinco estrellas en el centro del país.

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