Al abandonar el edificio Beaumont, Elisa notó cómo el aire fresco de la tarde comenzaba a eliminar la presión que había acumulado a lo largo del día.
El camino hacia su hogar fue muy tranquilo, su único deseo era relajarse. Al abrir la puerta de la casa, fue recibida inmediatamente por un profundo silencio.
—¿Nora? —preguntó mientras dejaba su bolso sobre el sofá.
No recibió ninguna respuesta, tomó su teléfono móvil y marcó el número de su amiga una vez, luego, hizo una segunda llamada y