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Director Ejecutivo: Gael Beaumont

Sabía perfectamente que probablemente volverían a rechazarla, sentada frente al entrevistador, observó de reojo a la otra candidata, era hermosa, alta, y perfectamente maquillada, todo lo que ella no era.

El hombre revisó con calma el currículum de Elisa y luego negó con la cabeza., ahí estaba otra vez, la misma expresión de siempre. Entonces la puerta del despacho se abrió, una anciana elegantemente vestida entró con glamour al lugar.

Su presencia hizo que todos guardaran silencio inmediatamente. La mujer observó primero a la candidata hermosa y luego miró a Elisa, sus ojos permanecieron unos segundos más sobre ella.

Elisa sintió nervios inexplicables, la anciana se acercó al escritorio del entrevistador y murmuró algo en voz baja, después se marchó sin decir una sola palabra más. El entrevistador parpadeó un momento antes de aclararse la garganta.

—Señorita Elisa Torres… el puesto es suyo.

Elisa abrió ligeramente los ojos.

—¿Perdón?

—Felicidades. Ha sido contratada. Vuelva mañana para firmar su contrato e iniciar a trabajar.

Elisa se levantó de la silla con torpeza, sintiendo cómo un calor le recorría el pecho y como en sus hombros se tensaban al instante. Sus manos, que antes apretaban la falda con nerviosismo, se relajaron. Lo logré, se dijo en un grito dentro de sí, mientras una sonrisa involuntaria, genuina y ligera, intentaba dibujarse en sus labios

Ella salió del edificio completamente confundida, no entendía qué acababa de pasar, pero no le importaba, finalmente tenía trabajo y no cualquier trabajo. Era una empresa enorme. Tal vez, después de todo, las cosas empezarían a mejorar.

Al día después comenzó oficialmente su trabajo. La responsable de recursos humanos la llevó a recorrer las modernas instalaciones de la empresa mientras le explicaba algunas normas básicas. Elisa escuchaba todo atentamente, intentando ignorar los nervios en su estómago.Finalmente llegaron frente a una enorme oficina privada.

—Aquí trabajarás la mayor parte del tiempo —explicó la mujer.

Luego abrió la puerta.

—El director ejecutivo llegará en unos minutos.

La mujer se retiró dejándola sola. Elisa observó nerviosamente el elegante despacho. Entonces sus ojos se detuvieron sobre la placa plateada encima del escritorio.

“Director Ejecutivo: Gael Beaumont.”

El color abandonó inmediatamente su rostro. No, no podía ser. Su nuevo jefe… era el mismo hombre al que había dejado plantado en el altar.

Elisa permaneció inmóvil frente al enorme escritorio de cristal mientras sentía cómo el corazón quería salirle por la garganta. No podía creerlo. De todas las empresas de la ciudad… había terminado trabajando precisamente para Gael Beaumont, el mismo hombre al que había dejado plantado en el altar.

Sus manos comenzaron a sudar nerviosamente. Quizá todavía podía escapar, quizá si salía ahora mismo nadie lo notaría.

—¡Corre Elisa! Es ahora o nunca— Se dijo así misma con nerviosismo.

Pero antes de que pudiera siquiera moverse, la puerta de la oficina se abrió de repente. Elisa levantó rápidamente la mirada y lo vio.

Gael Beaumont entró al despacho acompañado de un aroma elegante y masculino. Vestía un traje oscuro perfectamente ajustado y llevaba la expresión fría e indiferente que tantas veces había visto en revistas y noticias.

Era incluso más atractivo en persona y mucho más intimidante. El corazón casi se le salió del pecho cuando los ojos de Gael se fijaron en ella. Por un instante dejó de respirar, esperaba cualquier cosa, quizás sorpresa, enojo o peor aún que la reconociera.

Pero nada de eso ocurrió. Gael la observó apenas unos segundos antes de fruncir ligeramente el ceño.

—¿Eres mi nueva secretaria?

Elisa sintió un alivio tan grande que casi le fallaron las piernas. No la había reconocido.

—S-Sí, señor Beaumont.

Gael dejó unos documentos sobre el escritorio y volvió a mirarla de arriba abajo. Sus lentes era sencillos, su ropa discreta, su maquillaje casi inexistente y las pequeñas manchas de estrés eran visibles en su piel. El desagrado apareció claramente en su rostro.

—Estás despedida.

Elisa parpadeó confundida.

—¿Perdón?

Gael caminó lentamente alrededor de ella con expresión crítica.

—Dirijo una de las empresas de moda más importantes del país. No pienso tener una secretaria con esa apariencia.

Elisa sintió cómo se le calentaban las mejillas, Gael continuó hablando con absoluta frialdad.

—Tus lentes son anticuados, tu estilo es inexistente y pareces aterrorizada de existir. ¿Quién te contrató?

Elisa apretó discretamente los puños. Ahora entendía perfectamente por qué todas las empleadas le tenían miedo. Era un arrogante insufrible, de esos que creen tener todo a su merced.

—Con todo respeto, señor Beaumont… despedirme sin motivo válido es ilegal.

Gael levantó una ceja. Ella tragó saliva antes de continuar.

—Así que si piensa echarme, tendrá que indemnizarme.

Gael la observó con ligera sorpresa, jamás alguien había tenido ese valor para responderle así. Todas sus antiguas secretarias terminaban llorando antes siquiera de intentar defenderse.

Pero aquella chica rara acababa de exigirle dinero mirándolo directamente a los ojos. Casi divertido, abrió uno de los cajones de su escritorio.

—Perfecto. Mi asistente preparará la compensación y—

La puerta se abrió de repente con brusquedad.

—No vas a despedirla.

Ambos voltearon al mismo tiempo. La elegante anciana del día de la entrevista entró rápidamente al despacho apoyándose en un bastón.

Abuela... —interrumpió Gael. Su expresión no mostraba estar de acuerdo con ella y entrecerró los ojos con una fría irritación, mientras contenía un bufido de frustración. No estaba acostumbrado a que desafiaran sus decisiones en su propio despacho, y mucho menos frente a una desconocida que vestía ropa anticuada.

La señora Beaumont ignoró completamente el tono de su nieto y observó a Elisa con tranquilidad.

—Ella se queda.

Gael se rio con incredulidad.

—¿En serio? ¿Precisamente ella?

—Precisamente ella —respondió la anciana sin alterarse. —Tu reputación está por el suelo y la empresa necesita dejar de parecer un desfile de amantes y modelos.

Luego señaló a Elisa para seguir hablando sobre su punto a su favor.

—Una secretaria sencilla ayuda a acercar la imagen de la empresa al público.

Gael masajeó su sien claramente irritado.

—Abuela, considero que esto es innecesario —corrigió Gael, forzando un tono de voz moderado y respetuoso, aunque por dentro un torbellino de descontento amenazaba con romper su compostura. Respiró hondo, manteniendo la calma ante la anciana, la única persona a la que guardaba un respeto absoluto, a pesar de lo absurdo de la situación.

—Difiero de ti querido nieto.

Elisa bajó la mirada rápidamente, Gael se endureció por las palabras de su abuela. Pero finalmente sonrió fríamente

—Perfecto. Si tanto la quieres aquí, quédatela.

Luego miró directamente a Elisa.

—No durará una semana.

Y salió de la oficina dando un fuerte portazo.

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