Mi parte favorita.
MILA.
Me di el gusto de corresponderle solo por unos segundos; el sabor a hierro y fuego de su beso me dejó sin aliento. Al separarnos, su frente se apoyó contra la mía un instante eterno, hasta que me alejé, consciente de que mi cuerpo lo aceptaba aunque mi mente, en este momento, lo despreciara.
—Le arrebataste la vida a dos hombres sin pensarlo —le eché en cara, con la voz quebrada por la indignación—. ¿Acaso no pensaste en sus familias?
—¿Sin pensarlo? Te equivocas —replicó él, y su v