Diablo y Angel.
MILA
Ignoré el hecho de que Tony estuviera frente a la casa de Sandro como un centinela enviado desde el mismo infierno. Toqué la puerta con el corazón martilleando contra mis costillas, una arritmia de nervios y culpa que amenazaba con asfixiarme, pero para cuando la puerta se abrió y él apareció, mi rostro ya era una máscara de perfecta serenidad. El engaño ya no es un esfuerzo consciente, es un instinto de supervivencia que corre por mis venas con la misma naturalidad que la sangre.
—¡Am