El primer encargo.
MILA
Desperté antes de que el sol terminara de reclamar el horizonte. El peso del brazo de Sandro sobre mi cintura, que anoche me brindaba una paz necesaria, esta mañana se sentía como un grillete de terciopelo. Inevitablemente, mi mente me traicionó llevándome a mis mañanas con Lucio; ese agarre posesivo y dominante que solía sofocarme ahora contrastaba de forma dolorosa con las manos tersas y el toque ligero de Sandro. Me zafé con la agilidad, conteniendo la respiración hasta que estuve fue