Insomnio y necesidad.
El insomnio se había instalado en mi habitación. Por más vueltas que daba entre las sábanas de seda, el sueño se sentía como un lujo prohibido. Finalmente, me rendí.
Eran pasadas las dos de la mañana y el silencio de la mansión era denso. Lucio aún no regresaba, y una parte de mí, la que aún conservaba un rastro de instinto de supervivencia rezaba para que no lo hiciera en toda la noche.
una parte de mí rezaba para que no lo hiciera en toda la noche. Salí de la habitación descalza, moviéndo