Suerte.
Mi corazón se detuvo cuando sentí su aliento rozar mi piel. Lucio depositó un beso en mi frente con una delicadeza tan extraña que me resultó encantadora; era un contraste absoluto con el hombre rabioso y letal de hacía apenas unas horas.
Se alejó con pasos lentos, como si disfrutara de verme dormida. Solo cuando el clic de la puerta selló su salida, me permití respirar de nuevo. Me destapé el rostro y aparté el cabello de mis ojos, sintiendo que el aire me quemaba los pulmones. En un intento