MILA.
Al subir al auto, Lucio me dedicó una ronrisa de lado; una media sonrisa cargada de arrogancia. La acepté sin responder, limitándome a desviar la mirada de su perfecta y exasperante cara.
—Iremos al club —ordenó con una autoridad que no admitía cuestionamientos.
Tony y el Capitán intercambiaron una mirada rápida y cargada de significado antes de que Tony interviniera:
—Ella y Fabricio tenían prohibido asistir a ese club.
El ambiente en el vehículo se tornó más denso.
—No olv