Libertad condicional.
LUCIO.
El peso de su cuerpo contra mi pecho era lo único que mantenía mis demonios a raya. Mila se había quedado dormida, o al menos eso creía, mientras sus sollozos se apagaban en un murmullo quebrado contra mi hombro. La rodeé con mis brazos, sintiendo su fragilidad bajo la bata de seda, una contradicción viviente con la mujer que, horas antes, había empuñado un arma con las manos temblorosas, pero decidida a no dejarme morir.
Cada vez que cerraba los ojos, volvía a ver la escena en el