Lengua letal.
MILA
—Esto es más que un pecado —mi voz tembló, en una verdad afilada que buscaba herir, en un intento desesperado por recuperar la cordura—. Él era tu hermano.
El aire se volvió eléctrico, denso con la transgresión y el deseo prohibido. Abrió los ojos, y su mirada gélida se clavó en la mía. Apretó el agarre en mi cintura, inmovilizándome contra su cuerpo.
—Y aún así, nos casamos —su respuesta fue un gruñido bajo, cargado de cinismo—. Todos aquí juran que eres mi mujer. ¿Por qué no serlo de