57• Siempre voy a caer por ti.
No había una gota de miedo en mi cuerpo. Sus gruñidos, la forma en que me miraba… decían más que mil palabras: estaba volviéndolo loco, y yo lo tenía justo donde quería. Una sonrisa cruzó mis labios al notar cómo su respiración se volvía irregular, cómo su cuerpo se tensaba, al borde de romperse. Lo solté y la reacción fue inmediata, como un balde de agua fría: Dean parpadeó, desconcertado, casi aturdido.
Caminé hacia la cama con paso seguro, consciente de su mirada quemando mi espalda. Lo que