Extra I • Para siempre.
El sol de la Costa Amalfitana era un manto dorado y cálido sobre mi piel. Estaba tumbada en una tumbona de mimbre, en la terraza de la villa que se aferraba al acantilado como un nido de águila. Mis ojos estaban cerrados, mi respiración era profunda y regular. El sonido de las olas rompiendo contra las rocas, lejos abajo, era la única banda sonora de mi paz. Dean y yo estábamos de luna de miel, un concepto que todavía me parecía sacado de un sueño, una fantasía que habíamos logrado atrapar y ha