92• Seamos libres juntos.
Habían pasado varias semanas desde aquella noche.
Semanas en las que el mundo, poco a poco, había vuelto a respirar.
Mi madre se había recuperado mejor de lo que los médicos esperaban. El golpe en la cabeza quedó en un susto, una cicatriz leve que ahora llevaba como una marca de guerra, pero su mirada había vuelto a ser la de siempre: firme, cálida, presente. Habíamos pasado todo ese tiempo en casa de Domenica, bajo su techo generoso, rodeadas de personas que, sin darse cuenta, se habían conver