34• No soy un santo.

Durante unos segundos, ninguno de los dos dijo nada. Solo nos miramos, como si el aire entre nosotros se hubiera vuelto denso y pesado, como si cualquier palabra pudiera romper algo que ninguno sabía cómo sostener.

Dean fue el primero en hablar. Su voz salió baja, tensa, casi como si le costara admitirlo:

—Porque no soy lo peor que te pudo pasar, Thalía. —Una pausa. Su mirada ardió un poco más—. Pero no puedo explicarte algo que aún no entiendes. Así que te daré tiempo para que lo proceses.

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