11• Estoy sometida a ti.
Continuamos caminando hasta llegar a una gran puerta blanca. La sirvienta la abrió con delicadeza.
Dentro, la habitación era amplia, con una cama enorme cubierta por un dosel, una chimenea apagada y un gran ventanal que dejaba ver el jardín. Todo estaba perfectamente ordenado, demasiado pulcro, como si nadie hubiera vivido allí en mucho tiempo.
—Tiene baño propio, justo detrás de esa puerta —me indicó, señalando una puerta lateral—. Si necesita algo, estaré cerca.
Asentí, mientras ella se qued