12• Él jamás haría algo así.
El mar tenía un color distinto. Se veía tan perfecto que parecía una postal: azul claro, con destellos dorados que se rompían suavemente contra la orilla. Sentí la arena tibia entre los dedos, el viento jugando con mi cabello, y por un momento, pensé que todo lo malo había quedado atrás.
Céline estaba a mi lado, riéndose como solía hacerlo cuando nada en el mundo podía detenerla. Llevaba un vestido blanco que el agua ya había oscurecido hasta las rodillas, pero no parecía importarle.
—Te dije q