La niebla seguía lamiendo los neumáticos del deportivo de Zhang a la salida del cementerio. Él intentaba recuperar su dignidad mientras abría la puerta del copiloto con una galantería algo forzada.
—Súbete, "vampira" —dijo Zhang, tratando de que su voz no temblara—. Vamos, te llevo. Por aquí es muy peligroso a estas horas y no quiero que algo te asuste.
Elizabeth se detuvo con una mano en la puerta, mirándolo con una ceja arqueada y una sonrisa llena de sarcasmo.
—¿Estás seguro, Sakura? Porque