La mañana del bautizo amaneció con un cielo cristalino sobre la ciudad, pero la paz era solo superficial. El despliegue de seguridad era histórico: tres anillos de protección rodeaban la Catedral Metropolitana. Francotiradores de élite de los Di Santi se apostaban en los campanarios, mientras agentes encubiertos de la Tríada Ling, con audífonos imperceptibles, patrullaban cada esquina. Una flota de veinte camionetas blindadas de color negro azabache se detuvo frente a la escalinata de piedra, f