Bajo el vapor denso y caliente del baño, la resistencia de Cassandra comenzó a desmoronarse como arena entre los dedos. El agua caía en cascada sobre sus cuerpos, pero nada podía apagar el fuego que ardía entre ellos. Ángelo, con la mirada oscura y encendida por semanas de abstinencia forzada, bajó su mano grande y posesiva por el vientre húmedo de ella hasta encontrar su centro caliente y resbaladizo.
Cassandra soltó un jadeo entrecortado, intentando cerrar las piernas por instinto mientras el