La elegancia y la solemnidad del bautizo se desmoronaron en el momento exacto en que el champaña empezó a hacer efecto y el instinto infantil de los líderes salió a flote. Mientras el resto de la familia disfrutaba de un sofisticado risotto en las mesas decoradas, un ruido de motores eléctricos empezó a zumbar por los senderos de mármol del jardín.
De repente, aparecieron Wei y Ángelo, cada uno montado en una de las cuatrimotos eléctricas de los varones. Wei, con sus piernas largas dobladas has