La alegría era absoluta, pero la vida en este círculo siempre tiene un contrapunto oscuro. El teléfono satelital de Ángelo vibró. Al ver que la llamada provenía del centro psiquiátrico de máxima seguridad donde estaba recluida Isabella, su rostro se puso serio.
Se alejó unos pasos para atender. Los demás guardaron silencio, viendo cómo la expresión de Ángelo pasaba de la sorpresa a una fría indiferencia.
—Entiendo. Quiero el reporte forense en mi escritorio en una hora. Iré cuando pueda para ve