El olor a café recién hecho y pan tostado era más fuerte hoy. O tal vez era yo, intentando aferrarme a la normalidad con uñas y dientes mientras mi cabeza todavía estaba en aquel pasillo oscuro, con la voz de Gael susurrando: "Y ahora eres parte de él."
Servir desayunos, limpiar mesas, forzar sonrisas. Cada movimiento era mecánico, un ritual vacío. Un día antes, había estado sentada frente a un hombre cuyos ojos no parpadeaban, escuchando conversaciones sobre "pérdidas controladas". Ahora, unt