A las 9 en punto, me asomé a la ventana y vi su auto detenerse frente a mi edificio. Bajé las escaleras, el vestido susurrando con cada paso, los tacones repiqueteando.
Gael estaba junto al auto. Al verme, sus ojos se ensombrecieron. No dijo “estás hermosa”. Su mirada fue suficiente para dejarme saber lo que pasó por su mente.
El destino era la Ópera. No una función cualquiera, sino la gala de apertura de la temporada, el evento donde la élite de la ciudad se reunía para ver y ser vistos, p