El día empezó demasiado tranquilo. Demasiado normal. Me desperté con Gael ya despierto a mi lado, mirándome con esa intensidad silenciosa que había regresado desde la noche de la confrontación. Desayunamos en la cocina, él revisando su teléfono con el ceño ligeramente fruncido, yo intentando no pensar en Damian caminando libre por ahí, con esa sonrisa de odio clavada en la memoria.
Fue Sebastián quien rompió la paz. Llegó sin avisar, con la cara pálida y un iPad apretado contra el pecho como si