Las demandas por las fotos falsas todavía estaban frescas en el sistema judicial cuando llegó el siguiente golpe. Esta vez, no fue a través de un periódico. Fue un sobre legal grueso, entregado en mano por un repartidor a la puerta de la casa.
Sebastián lo abrió en la sala, con Gael y yo observando. Su expresión, normalmente impasible, se tensó línea por línea mientras leía.
—Es una demanda civil —dijo, alzando la vista—. Presentada por Damian Hendrix contra ti, Gael. Acusaciones de coerción, narcotráfico y amenazas de muerte.
El aire se salió de mis pulmones.
—¿Qué?
—Es basura —dijo Sebastián, pero su tono era preocupado—. Pero viene con anexos. “Declaraciones juradas” de tres testigos que dicen haberte visto entregar paquetes sospechosos, hacer llamadas amenazantes… Incluso uno que dice que le ofreciste dinero para que se “desapareciera” después de un accidente laboral en los muelles.
Gael tomó los documentos. Los hojeó lentamente, sin expresión.
—Estos testigos obviamente son fal