CAPITULO 42

El sudor todavía nos cubría la piel, pegando nuestras sábanas en un abrazo de seda y secreciones que sabía a victoria, pero la interrupción de Dimitri había devuelto el aire gélido de la realidad a la habitación, Nikolai, con una agilidad que desafiaba su reciente estado de coma, se sentó en el borde de la cama, dejando que la luz de la luna bañara sus cicatrices y los músculos tensos de su espalda, yo me envolví en una bata de satén negro, sintiendo el contraste del tejido frío contra mi cuerp
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