Mundo ficciónIniciar sesiónHace tres años Lilian se caso, no sabe como, pero lo hizo. No fue solo un matrimonio con un desconocido, sino con Alonso López: un millonario amante de los juegos y los acertijos, dueño de un cuerpo marcado y una espalda tan imponente como su carácter. Con su cabello negro, ojos grises y mandíbula perfecta, podría parecer el hombre ideal… si no fuera porque es el rey de la mafia. Un hombre tan temido que muchos lo llaman el Demonio. Ahora, tres años después de huir, Lilian vuelve a estar atrapada en su red, encadenada a un marido que no piensa dejarla escapar… y que está dispuesto a enseñarle que en su mundo, las reglas las pone él.
Leer másPov Lilian
Todos tenemos miedos. Algunas veces son miedos injustificados, pero la mayoría de las veces tenemos miedos con su propia historia detrás. Algunas personas tienen miedo del susurro de los insectos en la oscuridad, otras personas tienen miedo de la cruz roja deslumbrante en el papel del examen, pero el mío tiene nombre, apellido… y un traje de diseñador.
Tal vez te parece extraño un miedo con nombre y apellido. Bueno, esto pasó hace algunos años. Era joven, era tonta y era estúpida. Verás, mi vida nunca se ha marcado por ser inteligente, por ser planeada. No. Mis decisiones siempre son decisiones espontáneas, decisiones que resultan en caos y desgracias.
Mi miedo es un hombre.
Es un hermoso hombre de ojos grises, con cabello negro como la noche, piel tan clara que parece casi transparente, una mandíbula perfecta, una sonrisa enamoradora y unos labios que se ven tan suaves que dan ganas de besarlos. Y mejor no hablemos de su cuerpo, porque comenzaré a babear.
Seguro te preguntas por qué le temo a ese increíble galán, a ese adonis. Bueno, tiene un porqué: ese hombre es un demonio. No me refiero a que es una persona despreciable, no. A lo que me refiero es que es el demonio, el rey de la mafia en todo el país.
Él es Alonso López, si quisiera podría ser modelo o actor y cientos de chicas lo perseguirían, lo alabarían, pero no, el eligió otro camino, Alonso López es conocido por todos como un hombre frio y calculador, un hombre que no le teme a la muerte ni a las consecuencias, un hombre que ha desaparecido a sus enemigos en solo unas horas. Su poder e influencia son impresionantes y su reputación es peligrosa.
Ahora te preguntarás cómo conocí a este ser. Bueno, eso… no lo recuerdo.
Al parecer, ese día tomé tanto que me casé… me casé con el rey de la mafia. Siempre me habían dicho que, por lo que más quisiera, jamás se me ocurriera fastidiar a este hombre… y terminé siendo su esposa.
El problema es que no me quedé como una esposa. Apenas tuve oportunidad, hui… Salí del país, me escondí bajo el nombre de Amelia. Teñí mi cabello castaño a un color rubio. Todos los días, desde que me fui, uso pupilentes de color avellana para cubrir mis ojos verdes.
Era una nueva identidad, una oportunidad para empezar de cero y pasar desapercibida. Mi disfraz era perfecto... pensé que él nunca me encontraría, pero creo que lo subestimé…
El hombre del que he escapado por casi tres años está justo frente a mí, parado en la entrada de mi departamento, vistiendo un ajustado traje negro. El traje le queda perfecto, no lo voy a negar. Su espalda se ve más ancha, mientras que sus brazos se ven extremadamente musculosos.
—¿Puedo ayudarle en algo? —digo, cambiando el tono de mi voz.
“Aunque esté frente a mi puerta, eso no quiere decir que sepa quién soy… ¿verdad?” La sonrisa en la cara de ese adonis me confirma lo que me temía: ese hombre sabe quién soy.
—¿Acaso no piensas saludarme adecuadamente? —dice, mientras señala sus labios. “Este loco quiere que lo bese.”
—Vamos, no es la primera vez que me besas, esposa, no seas maleducada.
—Disculpa, los modales no son mi fuerte —digo de inmediato, cerrando la puerta justo en su cara.
Escucho una fuerte risa del otro lado de la puerta, y lo único en lo que pienso es en intentar tomar algo de ropa y huir de mi departamento.
—Si no abres la puerta, la derribaré —dice, pero yo solo tomo un par de camisas y unos pantalones, metiéndolos de manera desordenada en una mochila—. Voy a contar hasta diez. Si no abres hasta entonces, no me culpes por ser un tirano.
Coloco mi mochila en mi espalda, tomando el dinero que tengo en mi mesa de noche.
—Uno… —escucho su voz, que ahora tiene un tono siniestro—. Dos… —dice, pero siento que mi cuerpo reacciona muy lento.
—Tres… —Estoy tan nerviosa que apenas puedo abrir la ventana.
El aire de la noche me golpea en la cara mientras empiezo a salir.
—Cuatro… —dice, mientras salgo por la ventana.
No soy creyente, pero en estos momentos no hay dios a quien no le ruegue porque él no me alcance. Por favor, solo déjame escapar.
Comienzo a bajar las escaleras de incendio lo más rápido que puedo. No sé en qué número va —aunque, sinceramente, no quiero descubrirlo—. Bajo la primera escalera y comienzo a bajar la segunda. En estos momentos, detesto ampliamente vivir en el noveno piso.
Antes de terminar de bajar la segunda escalera, el fuerte estruendo de alguien tirando una puerta se escucha. “Supongo que ya llegó a diez.”
Decido que el tiempo es lo más valioso para mí y comienzo, literalmente, a saltar escalones, bajando cada uno de los pisos con mayor rapidez.
Una vez bajo los nueve pisos, estoy agotada, mis piernas me duelen y estoy bastante agitada. Aun así, es extraño que, en toda mi carrera, no me haya intentado alcanzar. Volteo hacia arriba: él me observa tranquilamente, recargado en el barandal. Hay algo en su tranquilidad que me perturba. Cuando se da cuenta de que lo miro, solo me dice “no” moviendo su dedo índice de un lado a otro.
Su actitud es la misma de alguien cuando regaña a un niño pequeño. Aunque me regaña, está sonriendo. Algo en cómo me mira hace que se me erice la piel.
Comienzo a correr a donde sea que mis piernas me lleven. En mi cabeza solo puedo repetir que él me encontró. La vida que había logrado construir en los últimos años se ha hecho añicos.
Las calles están vacías. Parece ser que dentro de poco será medianoche. Podría buscar un hotel para dormir, pero él está en la ciudad. Lo más probable es que me busque en los hoteles. Por el momento, parece que mi mejor opción es tomar un autobús a cualquier otro lado.
Lo único malo de esa idea es que la central de autobuses está literalmente al otro lado de la ciudad.
Empiezo a correr, mis pies golpean el asfalto con torpeza, y mis pensamientos no dejan de repetirse como un disco rayado: tengo que irme, tengo que desaparecer. La adrenalina me impulsa, pero el cansancio comienza a morderme los músculos.De pronto, escucho pasos.
Pasos firmes, rápidos, que rebotan contra las paredes de los edificios. Me congelo. “¿Es él? ¿Ya me alcanzó?”Los pasos se hacen más fuertes, más cercanos. Giro la cabeza apenas un poco, el corazón martillándome el pecho. Una figura aparece desde la esquina. Su sombra se alarga en el suelo y por un segundo el pánico me paraliza. Siento que mi respiración se tranca en la garganta.
Pero no.
Es solo un chico. Un desconocido con mochila, auriculares y mirada perdida pasa corriendo a mi lado sin siquiera mirarme. Luego gira en la siguiente calle y desaparece como si nada. Suelto todo el aire que ni siquiera sabía que estaba conteniendo.Mis piernas tiemblan y me apoyo en la pared más cercana.
—Estás paranoica… —susurro entre dientes. Me paso una mano por la frente sudada. Estoy demasiado tensa necesito relajarme, pero eso tal vez no pase hasta que este a mil kilómetros de distancia.—Tengo que calmarme— me repito. —Solo corre, ve a la terminal, toma cualquier autobús y vete. —
Y justo entonces, un sonido seco corta el aire.
Frenos.
Una camioneta negra se detiene bruscamente justo frente a mí, interrumpiendo mi paso. Ni siquiera tengo tiempo de gritar. La puerta se abre y unos brazos fuertes me jalan con violencia hacia adentro.
—¡No! ¡Suéltenme! —grito, forcejeando mientras pataleo.
Pero no sirve de nada.
Una mano me inmoviliza mientras otra me cubre la boca con un pañuelo empapado. Un olor fuerte y químico inunda mis sentidos.—Shhh… tranquila, amor —susurra esa voz.
Su voz.
—Cuando despiertes, debemos tener una conversación seria —añade con un tono indulgente, como si fuera yo la que estuviera en falta—. Porque, sinceramente, has estado portándote muy mal.
Intento resistirme. Intento gritar.
Pero el mundo comienza a girar. Todo se vuelve borroso… Y luego, oscuridad.Pov LilianIntento acomodarme solo para sentir como me abraza y me obliga a permanecer más cerca de él. Necesito algo de espacio personal, el mismo espacio que sacrifico por su confianza.¿Por qué no hay otra manera para salir de aquí?Solo puedo rogar a los cielos que Alan se de prisa y me dé un micrófono, cámara o lo que sea. No podre soportar esta situación mucho más.—Buenos días ma rebelle — escucho su voz ronca, la voz típica de alguien que acaba de levantarse.No quiero responder, pero por desgracia tengo que hacerlo.Una de las múltiples consecuencias de tener que ser la esposa "buena" que tanto desea.Pov AlonsoObservo como Lilian esta despierta, no se en que piensa, pero seguro es en escapar. Paso mi brazo por su cintura fingiendo que estoy dormido para atraer su cuerpo al mío, adoro tenerla así. Poder sentir el olor que emana de su cabello — una mezcla entre vainilla y fresas —, disfrutar de su calor corporal y escuchar su respiración son cosas demasiado agradables.—Bueno
Pov Lilian Su voz suena fría como si no creyera que enserio quiero escapar. No se si es un prejuicio, pero su actitud me dice "es imposible que no estes aquí a voluntad, solo mira el banquete que tienes delante". Y tiene razón hay un banquete frente a mi; lleno de cosas que con salario normal nunca hubiera conocido.Pero no por eso deseo estar aquí, en cuanto mas me esfuerce más rápido abandonare este lugar. Estoy dispuesta a lo que sea, tengo que esforzarme al máximo, abandonar este lugar y no regresar jamás.—Dame el micrófono cuanto antes— murmuró y después de agarrar un poco de fruta agregar — ¿Cómo debería de llamarte?El traidor parece dudar unos segundos antes de responder, pero al final lo hace.— Alan. Llámame Alan.Asiento, cerrando la conversación por completo. Decido no seguir preguntando; cuanto más hable con Alan, más riesgo corro de que Alonso note algo.Pruebo uno de los múltiples platos que tengo frente a mí, el olor, aunque es bueno se queda corto ante el sabor tan
Pov AlonsoConozco el tipo de información que Alina tiene para mí. Me fastidia tener que dejar a Lilian sola en medio del desayuno, pero si Alina vino en persona, la situación es mucho más grave de lo que pensaba.Le hago señas a los guardias de Lilian, dejando solo a uno. No confío en Lilian; sé que intentará escapar. Pero si quiero que juegue conmigo, debo darle un pequeño premio por cada cumplido — por mínimo que sea —. Solo así ella cree que puede ganarme… y yo recibo su atención como regalo.—Considera esto una oferta de paz — le digo a Lilian antes de caminar —. Pero no te acostumbres, solo es por hoy.—Porque me pusiste de buen humor — agrego, observando cómo Alina se muestra visiblemente furiosa.La única razón por la que esta mujer no tiene un cuchillo en el cuello es porque sabe conseguir cualquier tipo de información. Es una red andante, y perderla sería perder conexiones. Sabe encontrar muy buenos compradores en mis subastas, donde vendo de todo: objetos antiguos, gemas ra
Pov Lilian—Repítelo — su voz suena confundida.Su reacción es agresiva como si no pudiera creer que de verdad dije eso, atreves del rabillo del ojo observo como Alonso vuelve a dejar el pan en la mesa, esperando mi respuesta. Se que debo de hacerlo, si de verdad quiero un tiempo a solas con el guardia.—Me escuchaste la primera vez. — respondo.—No. Por eso quiero que lo repitas. Vamos ma rebelle.Suspiro sintiendo mi cara arder, he pasado tanto tiempo sonrojada y avergonzada las últimas 24 horas que comienzo a creer que me volveré de ese color. Con el pensamiento de mi libertad en mente repito mis palabras.—Prefiero tener tu mirada sobre mi — respondo bajo como un murmullo.Alonso suelta una sonora carcajada, definitivamente no cree en mis palabras. — Tan desesperada estas como para que te quite los guardias?La mención tan casual de mi plan hace que me estremezca, estoy casi segura de que puede sentir los latidos alterados de mi corazón en su mano. Sus palabras me dan a entender q
Pov LilianIntento mantenerme recta, sin moverme demasiado estar sentada en las piernas de alonso me ponen los nervios de punta. Observo la comida lujosa frente a mí, quesos que no se pronunciar, pan recién horneado, fruta cortada con formas — casi parecen cortadas así para ser atractivas para los niños— tengo hambre y mi estomago literalmente me pide que pruebe un bocado, pero simplemente no puedo. Al menos no en esta posición.—Come — murmura Alonso, tan cerca que siento el roce de su aliento en la curva de mi cuello.Trago saliva.—No puedo comer así.—¿Por qué no? — su tono es tan tranquilo que me asusta —. Mis piernas son cómodas. Bastante más que tus rodillas, supongo.Me arde la cara, estoy mas que segura de que estoy completamente roja y quien diga que no es vergonzoso ver a alguien a la cara después de que te ve desnuda, te miente.—Lilian — dice con esa voz suave, masculina, controlada —. Si te avergüenza tanto, no deberías haber roto tu palabra.Quiero contestarle, defender
Pov LilianLas palabras resuenan en todo el despacho. Me quedo completamente en silencio, con la cara sonrojada y sin una sola idea de cuánto tiempo permaneceré en esta posición. Alonso continúa con su trabajo, pasando y leyendo documentos con cuidado… o eso asumo, ya que luce extremadamente concentrado.Ni siquiera me mira, solo permanece ahí haciendo su trabajo mientras mis piernas duelen al estar en tan incómoda posición. No sé por qué me molesta que me ignore. Cuando me desvestía podía sentir su mirada recorriéndome, pero ahora no siento nada, y eso me molesta.Alejo esos pensamientos; no me interesa, no me importa que me ignore, solo quiero que me deje ir. Ni siquiera sé cuánto tiempo me obligará a estar así. Solo espero que no sea mucho, las piernas ya me están hormigueando.Inconscientemente bostezo. Estar aquí sin hacer nada es aburrido y vergonzoso; es casi imposible que no me dé sueño.—Vete — la voz ronca de Alonso me toma desprevenida, tanto que ni siquiera escucho lo que
Último capítulo