El aire de Estambul era una mezcla densa de especias, humedad marina y el sordo rugido de una ciudad que nunca terminaba de cerrar los ojos, me encontraba en el balcón de nuestra suite privada en el Pera Palace, observando cómo las luces del Cuerno de Oro centelleaban sobre las aguas oscuras del Bósforo, Estambul no era solo un puerto, era el lugar donde Occidente chocaba con Oriente, y para nosotros, era el tablero donde el ajedrez se jugaba con balas de punta hueca y traiciones de seda, Nikol