El rugido de los motores del avión táctico era lo único que llenaba el espacio entre Nikolai y yo, mientras sobrevolábamos las cumbres dentadas de los Urales, el aire en la cabina estaba cargado de una electricidad diferente, una mezcla de pólvora próxima y el rastro de nuestra reciente entrega en la mansión, lo miré de reojo, Nikolai estaba terminando de ajustar su chaleco antibalas, con movimientos precisos que delataban que el veneno ya no era más que un recuerdo amargo, se detuvo un segundo