El eco del disparo en el túnel se me clavó en los oídos como un clavo ardiente, una vibración sorda que parecía anunciar el fin de todo lo que había llegado a amar en este país de inviernos eternos, corrí por el pasadizo de hormigón, con los pulmones ardiéndome y las lágrimas congelándose en mis mejillas, mientras la mochila que Nikolai me había entregado golpeaba pesadamente contra mi espalda, cada paso era una traición a mi deseo de volver, de gritar su nombre, de morir a su lado si era neces