CAPITULO 28

El frío de San Petersburgo no era como el de las montañas, este era un frío húmedo, que se metía en los huesos y te recordaba que estabas viva solo porque el dolor de los pulmones al respirar era constante, me encontraba oculta en el sótano de una vieja iglesia ortodoxa, a pocas manzanas de donde casi pierdo la vida a manos de la madre de Nikolai, el olor a incienso rancio y a humedad era lo único que me acompañaba mientras revisaba el contenido de la mochila, Nikolai me había dado una oportunidad, pero la revelación de que mi madre era una pieza clave en este tablero de ajedrez sangriento me hacía sentir que cada recuerdo de mi infancia era una fotografía trucada, pasé las horas descifrando el código numérico del reverso de la foto, mis dedos entumecidos apenas podían sostener el lápiz, hasta que los números empezaron a formar coordenadas, pero no eran coordenadas de un lugar en Rusia, eran de una villa en la periferia de Palermo, el lugar donde pasé mis veranos de niña.

​Sabía que V
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